CLÍNICA ACTUAL, POSICIÓN DEL ANALISTA
El resultado es que la ciencia es una ideología de la supresión del
sujeto
J. Lacan Radiofonía 1970
El motivo central que orienta
el desarrollo de este trabajo, circula alrededor de la cuestión de la clínica
psicoanalítica actual y la posición del analista. Para avanzar en la
construcción de algunas elaboraciones al respecto, nos serviremos de la
entrevista realizada a Lacan, difundida por la R.T.B. y publicada con el nombre
de “Radiofonía”. Tomaremos entonces la primera pregunta como punto de partida
en la vía de nuestra articulación.
“En los escritos
usted afirma que sin darse cuenta Freud anticipaba las investigaciones de
Saussure y las del círculo de Praga. ¿Puede explicar este punto?” (Lacan, 1970,
p. 9).
Resulta
interesante observar que las preguntas que aparecen en radiofonía llevan el germen
de la reflexión acerca de cuál es la posición del analista y, por tanto, las
intervenciones de este, cuyos elementos son inseparables de la noción de acto,
interpretación, intervención, deseo y ética,
en términos de que el analista se topa en la clínica con los efectos de
una estructura, es por eso que nos proponemos echar luz a la cuestión
planteada, articulándola con lo visto en el curso seminario de Clínica
Psicoanalítica donde las cuestiones que hacen a la técnica, a la noción de
sujeto y objeto no pueden no estar para abordar la clínica actual. Dar
cuenta mínimamente, entre otras
cosas de las problemáticas que se suscitan, en la relación analista/analizante.
En tanto esto no podemos no tener presente como esenciales los escritos
técnicos de Freud, entre muchos otros, y donde Freud mismo menciona lo que hay que hacer, si se me permite
la expresión, con eso que escribió de la práctica, que es su producción teórica, cuyo correlato es la práctica clínica, en
concordancia y relación con el seminario I, Los
escritos técnicos de Freud por un lado, y radiofonía por otro.
Se parte de un
sujeto que no es de la ciencia, por tanto no se puede pensar un objeto como lo
piensa o lo conceptualiza la ciencia. Un sujeto que por estar sujeto al
lenguaje, balbucea, ya no hay objeto ideal, el objeto está fundamentalmente
perdido. Si Lacan señala que el sujeto del psicoanálisis es el sujeto de la
ciencia, es justamente porque en la ciencia queda, dicho sujeto, excluido. En
tal sentido el sujeto del inconsciente emerge como correlato del ostracismo en
el que la ciencia vela el campo de la subjetividad.
Estos textos
promueven una articulación, un
entretejido de las cuestiones fundamentales de la clínica. Lo que dice Lacan de
la técnica Freudiana y lo que hay en Freud de Lacaniano en relación a esta
temática.
Para reflexionar
en torno a que de algún modo la práctica se opone a un saber hacer, en función
de pensar qué de la transmisión queda como experiencia subjetiva, como
posicionamiento subjetivo. Qué de la ética queda, en tanto transmisión sin
palabras… Esto se opone a un saber hacer. Es desde aquello que atraviesa la
experiencia subjetiva del análisis desde donde se opera. Si no hay dispositivo, no hay sujeto, no hay analizante.
Esa no relación es el correlato de lo que está en juego, un desencuentro
fundamental. Qué es lo que debe propiciar el trabajo en transferencia: por un lado la posición del analista y, por
otro, que advenga un analizante.
Veamos entonces la
posición de Lacan respecto de la pregunta en Radiofonía que señalamos al inicio
de este texto:
Partamos del término
de llegada. Saussure y el círculo de Praga producen una lingüística que no
tiene nada en común con lo que antes se designaba con este nombre; encontró
ella su clave entre las manos de los Estoicos. (…) Ninguna significación será
en adelante considerada como sobreentendida, que sea claro cuando es de día por
ejemplo, ahí donde los Estoicos nos han precedido, y que yo interrogue. ¿Con
qué fin? [Con el fin de que][1] el signo supone el alguien a quien hace
signo de alguna cosa. Basta para que ese alguien se apropie del lenguaje, como
de una simple herramienta.
(Lacan,
1970, p. 10-11).
La
posibilidad que trae Saussure es distinguir dos órdenes, dos planos, que son el
significante y significado, que a Lacan sirve como referencia para leer a Freud, porque en realidad Freud ya lo había
hecho, sin hacer Lingüística. Se trataba
para él de la necesidad de escuchar el discurso, y no tanto quedarse atrapado
en las redes de lo fenomenológico, en tanto agudo observador desde la escucha, capta
ese corte que sitúa la barra, cierta relación del significante con el
significante, pero por fuera del
sentido, citando a Lacan.
Comentar
un texto es como hacer un análisis. Cuántas
veces advertí a quienes están en control conmigo cuando me dicen: creí entender
que él quería decir esto o aquello, les advertí que una de las cosas que más
debemos evitar es precisamente comprender demasiado, comprender más que lo que
hay en el discurso del sujeto. No es lo mismo interpretar que imaginar
comprender. Es exactamente lo contrario. Incluso diría que las puertas de la comprensión analítica
se abren en base a un cierto rechazo a la comprensión. (Lacan,
1953-54, p. 120.)
La posición del analista
supone una estrecha relación con el dispositivo analítico en tanto eso se
articula con la ética, donde se refleja
lo que se hace y lo que se dice que se hace. Hay tensión entre estas
posiciones, una discordancia fundamental en tanto el problema del psicoanalista
es que también sabe. De ahí tres pilares fundamentales que hacen a una praxis:
la actualización teórica y formación permanente, la supervisión, y el propio
análisis. Si hay algo que reduce de alguna manera esa tensión es precisamente
la formación del analista, en tanto, es en el único espacio posible donde se
transmite una praxis, el propio análisis. Y cuál es, en tal sentido para Lacan,
el ideal de un análisis: “El ideal de un análisis no es el completo dominio de
sí, la ausencia de pasión. Es hacer al sujeto capaz de sostener al sujeto el
diálogo analítico, de no hablar ni demasiado pronto, ni demasiado tarde.”
(1953-54, p. 14). Es así, que para Freud la posición del analista requiere
poder distanciarse del furor curandis
y Lacan agregará a ello, además, que es necesario evitar el afán por
comprender. En tal sentido, la interpretación no es la respuesta en tanto
significado que retorna desde el analista hacia el analizante, sino, más bien,
una palabra justa que en tanto equívoco del sujeto retorna por la boca del
analista.
“De que ese sujeto
sea de origen marcado de división, la lingüística cobra fuerzas mas allá del
juego de la comunicación” (Lacan, 1970, p. 12). Por tanto el sujeto no sabe lo
que dice, hay algo dicho en la palabra que escapa, que hace falta. En tal
sentido, Freud se anticipa a la lingüística, “el inconsciente es la condición
de la lingüística” (Lacan, 1970, p. 14) y, agregaríamos, el lenguaje es la
condición del inconsciente, en tanto el inconsciente está estructurado como un
lenguaje. Por tanto el efecto que se propaga no es de comunicación sino de
desplazamiento de discurso. Seguir la estructura es asegurarse del efecto del
lenguaje que negativiza al cuerpo. Estructura en tanto conjunto de elementos
covariables, que conforman el carácter aleatorio de la cadena. Sólo el discurso
que se define, por el giro que le da el
analista, aporta una dimensión de verdad, “no hay humo sin fuego.” (Lacan,
1965).[2] “Tanto el psicoanálisis como la psicoterapia
solo actúan por medio de palabras. Sin embargo se oponen ¿en qué?” (Lacan 1973, p. 89).
Las psicoterapias
proponen una respuesta desde un saber que parece capaz de dirigir al paciente a
una supuesta salud que no es otra que la de su adaptación a los ideales, bien
los de la época, bien los particulares del terapeuta. Sea como fuere, el sujeto
queda excluido pues se constituye como un objeto que va a ser modelado por el
terapeuta. Del otro lado, el psicoanálisis, plantea la posibilidad de un sujeto
que enuncie un decir en el que su palabra, en tanto verdad siempre a medias, le
permita construir un saber en la experiencia del reconocimiento de aquello que
habla más allá de la consciencia. Eso que habla de su división y al servicio de
lo que el analista se pone como semblante de objeto. Son entonces experiencias
opuestas.
En una época en la
que la información circula por doquier, el saber se hace más lejano en tanto la
repetición y la replicación de la información hacen creer que ya se sabe algo.
El yo deja de escuchar eso otro que habla desde su núcleo propio y va a buscar
en los oráculos modernos como google, la respuesta a preguntas que en principio
lo atañen íntimamente. Ocultamiento continuo de la falta en el Otro, para
aspirar a una garantía inexistente por estructura. Así, la clínica actual se ve
enfrentada a dificultades derivadas de los avatares de la época. El sujeto se
dirige a Otro que promete una garantía. Un Amo que religiosamente se revela hoy
mediático y que por tanto obtura el deseo y con ello la apuesta por atravesar
una experiencia subjetiva.
Referencias
Lacan,
J. (1970-73). Radiofonía
y Televisión. Editorial Anagrama, Barcelona. 1974.
Lacan,
J. (1953-54). Los
Escritos Técnicos de Freud. El Seminario, libro 1. Editorial Paidos, Buenos
Aires. 1981.
Lacan,
J. (1965). Problemas
Cruciales para el Psicoanálisis. El Seminario, libro 12. Inédito.
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