sábado, 15 de febrero de 2014



CLÍNICA ACTUAL, POSICIÓN DEL ANALISTA


El resultado es que la ciencia es una ideología de la supresión del sujeto
J. Lacan Radiofonía 1970


El motivo central que orienta el desarrollo de este trabajo, circula alrededor de la cuestión de la clínica psicoanalítica actual y la posición del analista. Para avanzar en la construcción de algunas elaboraciones al respecto, nos serviremos de la entrevista realizada a Lacan, difundida por la R.T.B. y publicada con el nombre de “Radiofonía”. Tomaremos entonces la primera pregunta como punto de partida en la vía de nuestra articulación.

“En los escritos usted afirma que sin darse cuenta Freud anticipaba las investigaciones de Saussure y las del círculo de Praga. ¿Puede explicar este punto?” (Lacan, 1970, p. 9).

Resulta interesante observar que las preguntas que aparecen en radiofonía llevan el germen de la reflexión acerca de cuál es la posición del analista y, por tanto, las intervenciones de este, cuyos elementos son inseparables de la noción de acto, interpretación, intervención, deseo y ética,  en términos de que el analista se topa en la clínica con los efectos de una estructura, es por eso que nos proponemos echar luz a la cuestión planteada, articulándola con lo visto en el curso seminario de Clínica Psicoanalítica donde las cuestiones que hacen a la técnica, a la noción de sujeto y objeto no pueden no estar para abordar la clínica actual.  Dar  cuenta mínimamente,  entre otras cosas de las problemáticas que se suscitan, en la relación analista/analizante. En tanto esto no podemos no tener presente como esenciales los escritos técnicos de Freud, entre muchos otros, y donde Freud mismo menciona lo que hay que hacer, si se me permite la expresión, con eso que escribió de la práctica, que es su producción teórica,  cuyo correlato es la práctica clínica, en concordancia y relación con el seminario I, Los escritos técnicos de Freud por un lado, y radiofonía por otro.

Se parte de un sujeto que no es de la ciencia, por tanto no se puede pensar un objeto como lo piensa o lo conceptualiza la ciencia. Un sujeto que por estar sujeto al lenguaje, balbucea, ya no hay objeto ideal, el objeto está fundamentalmente perdido. Si Lacan señala que el sujeto del psicoanálisis es el sujeto de la ciencia, es justamente porque en la ciencia queda, dicho sujeto, excluido. En tal sentido el sujeto del inconsciente emerge como correlato del ostracismo en el que la ciencia vela el campo de la subjetividad.

Estos textos promueven una articulación,  un entretejido de las cuestiones fundamentales de la clínica. Lo que dice Lacan de la técnica Freudiana y lo que hay en Freud de Lacaniano en relación a esta temática.

Para reflexionar en torno a que de algún modo la práctica se opone a un saber hacer, en función de pensar qué de la transmisión queda como experiencia subjetiva, como posicionamiento subjetivo. Qué de la ética queda, en tanto transmisión sin palabras… Esto se opone a un saber hacer. Es desde aquello que atraviesa la experiencia subjetiva del análisis desde donde se opera.  Si no hay dispositivo, no hay sujeto, no hay analizante. Esa no relación es el correlato de lo que está en juego, un desencuentro fundamental. Qué es lo que debe propiciar el trabajo en transferencia: por un lado la posición del analista y, por otro, que advenga un analizante.

Veamos entonces la posición de Lacan respecto de la pregunta en Radiofonía que señalamos al inicio de este texto:

Partamos del término de llegada. Saussure y el círculo de Praga producen una lingüística que no tiene nada en común con lo que antes se designaba con este nombre; encontró ella su clave entre las manos de los Estoicos. (…) Ninguna significación será en adelante considerada como sobreentendida, que sea claro cuando es de día por ejemplo, ahí donde los Estoicos nos han precedido, y que yo interrogue. ¿Con qué fin? [Con el fin de que][1] el signo supone el alguien a quien hace signo de alguna cosa. Basta para que ese alguien se apropie del lenguaje, como de una simple herramienta.
(Lacan, 1970, p. 10-11).


            La posibilidad que trae Saussure es distinguir dos órdenes, dos planos, que son el significante y significado, que a Lacan sirve como referencia para leer  a Freud, porque en realidad Freud ya lo había hecho, sin hacer Lingüística.  Se trataba para él de la necesidad de escuchar el discurso, y no tanto quedarse atrapado en las redes de lo fenomenológico, en tanto agudo observador desde la escucha, capta ese corte que sitúa la barra, cierta relación del significante con el significante,  pero por fuera del sentido,  citando a Lacan.

Comentar un texto es como hacer un  análisis. Cuántas veces advertí a quienes están en control conmigo cuando me dicen: creí entender que él quería decir esto o aquello, les advertí que una de las cosas que más debemos evitar es precisamente comprender demasiado, comprender más que lo que hay en el discurso del sujeto. No es lo mismo interpretar que imaginar comprender. Es exactamente lo contrario. Incluso diría  que las puertas de la comprensión analítica se abren en base a un cierto rechazo a la comprensión. (Lacan, 1953-54, p. 120.)

La posición del analista supone una estrecha relación con el dispositivo analítico en tanto eso se articula con la ética, donde se  refleja lo que se hace y lo que se dice que se hace. Hay tensión entre estas posiciones, una discordancia fundamental en tanto el problema del psicoanalista es que también sabe. De ahí tres pilares fundamentales que hacen a una praxis: la actualización teórica y formación permanente, la supervisión, y el propio análisis. Si hay algo que reduce de alguna manera esa tensión es precisamente la formación del analista, en tanto, es en el único espacio posible donde se transmite una praxis, el propio análisis. Y cuál es, en tal sentido para Lacan, el ideal de un análisis: “El ideal de un análisis no es el completo dominio de sí, la ausencia de pasión. Es hacer al sujeto capaz de sostener al sujeto el diálogo analítico, de no hablar ni demasiado pronto, ni demasiado tarde.” (1953-54, p. 14). Es así, que para Freud la posición del analista requiere poder distanciarse del furor curandis y Lacan agregará a ello, además, que es necesario evitar el afán por comprender. En tal sentido, la interpretación no es la respuesta en tanto significado que retorna desde el analista hacia el analizante, sino, más bien, una palabra justa que en tanto equívoco del sujeto retorna por la boca del analista.

“De que ese sujeto sea de origen marcado de división, la lingüística cobra fuerzas mas allá del juego de la comunicación” (Lacan, 1970, p. 12). Por tanto el sujeto no sabe lo que dice, hay algo dicho en la palabra que escapa, que hace falta. En tal sentido, Freud se anticipa a la lingüística, “el inconsciente es la condición de la lingüística” (Lacan, 1970, p. 14) y, agregaríamos, el lenguaje es la condición del inconsciente, en tanto el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Por tanto el efecto que se propaga no es de comunicación sino de desplazamiento de discurso. Seguir la estructura es asegurarse del efecto del lenguaje que negativiza al cuerpo. Estructura en tanto conjunto de elementos covariables, que conforman el carácter aleatorio de la cadena. Sólo el discurso que se define,  por el giro que le da el analista, aporta una dimensión de verdad, “no hay humo sin fuego.” (Lacan, 1965).[2]Tanto el psicoanálisis como la psicoterapia solo actúan por medio de palabras. Sin embargo se oponen ¿en qué?”  (Lacan 1973, p. 89).

Las psicoterapias proponen una respuesta desde un saber que parece capaz de dirigir al paciente a una supuesta salud que no es otra que la de su adaptación a los ideales, bien los de la época, bien los particulares del terapeuta. Sea como fuere, el sujeto queda excluido pues se constituye como un objeto que va a ser modelado por el terapeuta. Del otro lado, el psicoanálisis, plantea la posibilidad de un sujeto que enuncie un decir en el que su palabra, en tanto verdad siempre a medias, le permita construir un saber en la experiencia del reconocimiento de aquello que habla más allá de la consciencia. Eso que habla de su división y al servicio de lo que el analista se pone como semblante de objeto. Son entonces experiencias opuestas.

En una época en la que la información circula por doquier, el saber se hace más lejano en tanto la repetición y la replicación de la información hacen creer que ya se sabe algo. El yo deja de escuchar eso otro que habla desde su núcleo propio y va a buscar en los oráculos modernos como google, la respuesta a preguntas que en principio lo atañen íntimamente. Ocultamiento continuo de la falta en el Otro, para aspirar a una garantía inexistente por estructura. Así, la clínica actual se ve enfrentada a dificultades derivadas de los avatares de la época. El sujeto se dirige a Otro que promete una garantía. Un Amo que religiosamente se revela hoy mediático y que por tanto obtura el deseo y con ello la apuesta por atravesar una experiencia subjetiva.

Referencias

Lacan, J. (1970-73). Radiofonía y Televisión. Editorial Anagrama, Barcelona. 1974.

Lacan, J. (1953-54). Los Escritos Técnicos de Freud. El Seminario, libro 1. Editorial Paidos, Buenos Aires. 1981.

Lacan, J. (1965). Problemas Cruciales para el Psicoanálisis. El Seminario, libro 12. Inédito.





[1] El agregado entre corchetes es nuestro.
[2] No referimos página de la cita pues, el seminario “Problemas Cruciales” se encuentra aún inédito. 

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